«No podemos callar más» lo recuerda el padre Moreno

12 de junio de 2012

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Así, entre comillas, porque me estoy refiriendo al grito de protesta que hace veinticinco años, mayo de 1987, los sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral de Petare lanzamos a la opinión pública en un comunicado contra los abusos policiales en nuestras comunidades. Cuarenta y seis firmas lo rubricaban.

En él se decían cosas como éstas: “… queremos levantar la voz a favor de la Vida y de la Vida en plenitud y denunciar públicamente tantos atropellos y abusos contra los más elementales derechos del hombre … jóvenes y adolescentes que son robados por policías después de ser amenazados con pistolas y rolos … padres de familia que vienen del trabajo y son obligados a ‘subir a la jaula’ y llevados a la zona 7 de la Policía Metropolitana … sacerdotes que son calumniados, acosados, golpeados por defender a hombres, mujeres y niños del pueblo … obreros y trabajadores, pequeños comerciantes, que son violentamente agredidos … las famosas y temidas redadas, el mal llamado plan de seguridad … ninguno de esos planes ha podido rescatar para el pueblo la seguridad ciudadana, al contrario, han sumado un dolor más”.

El comunicado armó revuelo. Por boca de su ministro del interior, José Angel Ciliberto, el gobierno nos acusó de subversivos y extranjeros. Es cierto que el ministro después afirmó no haber dicho lo de subversivos sino que el comunicado era un “revulsivo”, pero sí sugirió que estábamos involucrados en los intentos desestabilizadores de ciertos grupos radicales de izquierda. Inmediatamente el Cardenal Lebrún respondió en primera página de El Nacional y a cuatro columnas diciendo: “Las injusticias no se pueden callar” y sosteniendo que los firmantes del remitido cumplieron con su deber. Baltazar Porras, entonces obispo auxiliar de Mérida, se preguntaba en El Universal: “¿Es delito expresar una opinión que no sea oficial?” La prensa fue vehículo para numerosos apoyos de todo tipo y también para los clásicos ataques contra los curas que se metían en “política”. Hasta el New York Times le dedicó una amplia nota. Mi carpeta de recortes es abultada. Buena la caricatura de Zapata en la que sus conocidas beatas comentan: “El compañero Ciliberto vive en el santo temor de Dios”.

No se trata simplemente de conmemorar sino de testimoniar que la posición crítica que hoy toma la Iglesia en sus declaraciones, pastorales y documentos frente al gobierno de turno, no es una novedad ni obedece a un proyecto “subversivo”, apátrida y diabólico, sino a su fidelidad en todo tiempo, lugar y circunstancia, antigua y actual, al mandato de la conciencia cristiana.

Hoy el gobierno reprime al ciudadano indefenso más con la omisión que con la acción, esto es, manteniendo y fomentando la impunidad del crimen y, por ende, dándole rienda suelta, en vez de actuar con responsabilidad en defensa del inocente y castigo del criminal. ¿Qué decir, sin embargo, de los “madrugonazos”, de los agentes policiales que secuestran hasta con uniforme y placa, que asesinan contra todo derecho o que disparan a mansalba por calles y avenidas con la excusa de perseguir a un ladrón?

Tampoco hoy ninguno de los veinte planes ha dado seguridad. La respuesta del poder a las críticas ha sido peor que la de esos días en discurso y en acción. El gobierno de entonces presentó excusas a la Iglesia y se reunió con los obispos para dialogar. En esto el de hoy parece tímidamente estrenarse. Ayer lo hizo sólo con curas genuflexos –allá su conciencia– en actos políticos de un culto que es difícil no calificar de sacrílego y hasta simoníaco.

La Iglesia continuará jugándosela por la justicia y el amor.

¿El gobierno seguirá igual con la violencia?

Padre Alejandro Moreno
ciporama@gmail.com
Sacerdote Salesiano

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