Mientras Perú recurre al socialismo, el castrismo continúa prosperando

11 de junio de 2021

Perú Pedro Castillo comunista



La lección es clara: el castrismo intenta salvar la cara adoptando políticas de identidad, y un candidato de izquierda a la presidencia en Perú gana las elecciones, reviviendo la forma más rancia de comunismo.



Se supone que el comunismo evolucionará. En el sentido más darwiniano posible, va poco a poco con los cambios del mundo, para poder sobrevivir (y seguir matando). Cuando cayó el Telón de Acero, quedó claro que la hoz y el martillo perdían el debate económico entre capitalismo y marxismo. La maquinaria se propuso, entonces, acelerar y perfeccionar toda esa herencia de la Escuela de Frankfurt.

La batalla ahora es cultural. Lo que impresiona es cómo algunos sistemas, que no solo no disputaron el terreno sino que lo devoraron, se han sumado a la tendencia.

He aquí el castrismo, esa máquina de matar, oprimir y esclavizar que ha estado sembrando la ruina desde los años sesenta. ¿Quién hubiera pensado que, después de perseguir a los homosexuales, levantarían las banderas del arco iris? Lo más inusual es que se les permite hacerlo. Que todas las asociaciones y colectivos LGBT no están haciendo un escándalo por el hecho de que la isla que solía ser una prisión gay ahora es un santuario.

Porque no es que Cuba haya mejorado. Es que se ha adaptado para seguir oprimiendo, como me decía hace unos días el valiente activista Antonio Rodiles. Porque ahora que la izquierda mundial es la campeona de las minorías, es hora de sacrificar los principios y la tradición para mantener el poder. Las políticas de identidad son, entonces, la nueva cara de la Revolución Cubana.

Marisela Castro, la hija de Raúl y una especie de vedette de la izquierda chic, es la responsable. La prensa europea está babeando por ella y fue declarada visitante ilustre en Montevideo, la capital de Uruguay. No importa que Cuba haya sido, durante décadas, un régimen que cazaba homosexuales. Los persiguió, los expulsó o los puso en campos de concentración y trabajos forzados y utilizó prácticas muy refinadas y dantescas de ingeniería social confinó a miles al ostracismo, la esclavitud o la cárcel. El régimen cubano tardó casi dos décadas en despenalizar la homosexualidad y aún así, Reinaldo Arenes es un ejemplo de que el castrismo te mata por ser gay incluso lejos de Cuba.

Sin embargo, esto no importa. Ahora en Cuba puede haber una marcha por el orgullo homosexual, la nomenklatura del régimen en coloridas carrozas y Europa aplaude. Porque a Cuba se le permite hacer de todo: perseguir a los homosexuales en los setenta y ochenta, fusilar a los disidentes, esclavizar a su población, traficar médicos, subyugar e invadir otros países; y, por supuesto, abrazar las causas de las minorías.

A varios kilómetros al sur de la isla el mayor contraste es evidencia de cómo la Revolución Cubana muta en algunos espacios, pero en otros retoma la tradición. En Perú, el comunismo más dogmático y retrógrado ganó la presidencia con Pedro Castillo. El castrismo leninista en América que ya había dejado atrás está de vuelta. Expropiaciones, controles de precios, control total de la economía, subsidios, lucha de clases y limitaciones de las libertades individuales, en discordia con las corrientes progresistas. A partir de esta retórica, Pedro Castillo se ganó el apoyo de más de la mitad de los peruanos que votaron.

El candidato del Foro de Sao Paulo , la gran maquinaria castrista, marchará hacia la Casa de Pizarro. Y no gana adoptando políticas de identidad. Pedro Castillo representa, sin duda, la revolución cubana en su primera etapa, donde la lucha de clases y el anticapitalismo son pancartas.

Cuba comienza a suscribir tendencias progresistas mientras la extrema izquierda impone su izquierda extrema, rancia y dogmática, lo que deja una lección clara e incuestionable: la Revolución Cubana sigue viva. Sigue ahí y seguirá, durante mucho tiempo, acomodando, retorciendo o retomando su tradición. Hará lo que sea necesario para sobrevivir porque su proyecto es continental y a largo plazo.

Una Nota periodística de Orlando Avendaño




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