Beethoven, icono de Bonn

10 de mayo de 2014

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La figura de Ludwig van Beethoven impregna las calles de la pequeña ciudad de Bonn, en el estado de Renania del Norte-Westfalia, en el oeste de Alemania. Allí nació y recibió instrucción musical el insigne compositor. La ciudad “respira” con Beethoven, sobre todo durante el mes de septiembre, en el que anualmente se celebra un festival dedicado al músico.
 
Convivió con la música clásica desde su infancia, porque su padre era un profesor de música y tenor de la corte de Bonn. Ludwig van Beethoven vivió una época de transición musical, entre la era clásica y la romántica.

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A los 22 años de edad se trasladó a la ciudad de Viena (Austria), donde construyó su carrera musical. Es el autor de sonatas, sinfonías, cuartetos y de la ópera Fidelio, una de sus grandes creaciones. En sus obras musicales presenta un profundo sentido y expresión inigualable.
En los últimos años de su vida, sufrió de sordera. Incluso con el problema de salud continuaría creando hermosas piezas de música. Murió en 26 de marzo de 1827, mientras componía su décima sinfonía.

Universidad de Bonn
En la Universidad de Bonn estudiaron, entre otros, Karl Marx y Friedrich Nietszche, pero su presencia en la ciudad queda desdibujada por la omnipresente figura de Beethoven. Un monumento del compositor preside la plaza Münsterplatz, en el centro de Bonn, las tiendas venden recuerdos del músico y su Casa Museo, situada en la calle Beethovengasse, recibe unos 100.000 visitantes al año.
 
El Concierto para violín de Beethoven, una obra amable
 
Una de las invitadas a la pasada edición del Festival Beethoven de Bonn fue la violinista de origen moldavo Patricia Kopachinskaja. Siempre que tiene ocasión, Kopachinskaya toca música de compositores de su tierra, como George Enescu. 
Patricia Kopatchinskaya es una violinista de acusada personalidad. 
 Patricia Kopachinskaja

Pero el plato fuerte de este capítulo es la interpretación que Patricia Kopachinskaya realizó en la ciudad renana del Concierto para violín de Beethoven. Dotado de un espíritu amable, el Concierto para violín supone una exploración del lado lírico de Beethoven, aunque el carácter indómito e impredecible del compositor sigue haciendo acto de presencia. Por ejemplo, con la decisión de abrir la obra con cuatro golpes de timbal. Dividido en los tres movimientos habituales del género, Beethoven dota de un peso extraordinario al primero de ellos: el “Allegro ma non troppo” inicial dura más que los otros dos juntos. A continuación le sucede un lírico “Larghetto” y finalmente un “Rondó” ligero y risueño que pone punto final a la obra.


Una Nota Informativa desde nuestra Mesa de Redacción
Fuente: Agencias
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