Cada rincón, cada historia…

10 de mayo de 2012

Ese Líbano donde están marcadas aún las cicatrices de la guerraDe Trípoli a Byblos

Líbano se comparte entre bellezas y vestigios de una  guerra que puede catalogarse aún de reciente y que ha herido profundamente al país. Eso lo vemos en Beirut, o más al sur. Ouna, una barriada que refleja dramáticamente ese sello, puesto a sangre y fuego por quince años de guerra. Esto se aprecia por igual en las imágenes de destrucción, como en las constantes construcciones que el visitante puede ver por toda la geografía libanesa.

Entrar al zoco de Tripoli, y llenarse de sus ruidos es una experiencia única. Sus arcadas generosas en sombras que mitigan el sol candente de los cálidos veranos. Los cestos con jabones, las frutas, las sedas, todo da dolor y personalidad a esta antigua ruta de las caravanas. Tripoli de mirra y canela, de clavo y albahaca. Tripoli hermosa hasta fascinar…

Poblados mágicos. Lugares que trasladan la memoria a cuentos del oriente mítico: Al Hamman El Abed, está igual… suspendido en el tiempo, igual a como era hace mil años… tampoco ha cambiado desde la época otomana. Los hombres pastorean… Toman el té.

De nuevo Tripoli, donde muchos se cobijan bajo las arcadas doradas, o las cúpulas de una hermosura suprema. Lámparas talladas en finos metales, son piezas comunes dentro de sus construcciones… Cafés donde los parroquianos degustan limonadas o brebajes orientales perfumados con cardamomo

Líbano de Mezquitas, donde las hay tan antiguas que nos remontan al Siglo XII. Algunas han sido edificadas sobre iglesias cristianas, y a muchas, pueden ingresar las mujeres, previamente cubiertas por ropajes negros, y desde su interior, admirar la riqueza y magnificencia de las construcciones islámicas.

Llegarse hasta Byblos, ciudad pesquera, y allí buscar el Fishing Club, una especie de fonda o taberna que tiene colgando en sus paredes cientos de fotografías con personajes famosos.

El propietario de este establecimiento, muy conocido por lugareños y turistas le llaman “Pepé”, y además de regentar su fonda, es un reconocido joyero, submarinista y arqueólogo especializado en localizar muchos vestigios fenicios, griegos y romanos que exhibe en su bodega.

Desde la terraza de su establecimiento se distingue el paseo de laureles que conduce hasta la fortaleza de los cruzados.

Los siete mil años de historia de Byblos, han llevado a arqueólogos del prestigio de Maurice Dunand, a dedicarse por años a su investigación y excavar en sus terrenos. De Byblos se dice que es la ciudad más antigua del mundo. Muchos de los monumentos originarios de Byblos, han sido trasladados a Beirut, como por ejemplo, los obeliscos fenicios que honran a Rechef, el dios de la guerra, y que se encuentran en el Museo Nacional de Beirut, al lado del sarcófago de Ahiram, rey de Byblos.

Antiguo hipódromo

A tan sólo dos horas de Beirut, está la ciudad de Tiro, la última ciudad del sur antes de la frontera con Israel.

Tierra de plátanos y naranjos, posee magnificas playas y guarda celosamente la memoria histórica de cientos de sarcófagos -decorados con cruces y guirnaldas- que preceden a un arco del triunfo y a uno de los hipódromos mejor conservados de la Antigüedad.

Baalbek, memoria de la antigüedad, joya inapreciable de la historia. Por la carretera hacia Damas, que atraviesa las montañas del Chouf, se llega hasta la llanura de Beqaa, donde decenas de ruinas monumentales se extienden entre campos de trigo y verdes viñedos.

 

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