El pañuelo islámico o Hiyab llega a la alta costura

9 de junio de 2016

Hiyab



Empresas occidentales de vestuario experimentan con tradiciones islámicas. En el mundo de la moda, el pañuelo para la cabeza adquiere un nuevo brillo, pero corre peligro de perder su sentido original.

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Sacerdotes católicos, viudas sicilianas… y ahora el pañuelo islámico. Que la firma italiana Dolce & Gabbana descubriera las disposiciones islámicas de vestimenta era solo cuestión de tiempo. Desde hace años, ambos diseñadores italianos se vienen inspirando en tradiciones que uno no asocia directamente con la alta costura. El duelo de las mujeres que han perdido a sus maridos, la introspección de los religiosos… en la pasarela solo queda una vaga referencia, pero basta para poner un acento diferente al mundano mundo de la moda.

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No solo Dolce & Gabbana ponen ahora su atención en el pañuelo islámico. La cadena sueca H&M ha dado por primera vez fama internacional a una modelo musulmana, Mariah Idrissi, una joven británica de origen paquistano-marroquí. Mango ha sacado al mercado moda para el mes de ayuno del Ramadán. DKNY diseña prendas de acuerdo con las normas islámicas. Marks & Spencer ofrece a sus clientas musulmanas un “burkini”, es decir, un traje de baño que cubre todo el cuerpo.

Y el diseñador alemán Wolfgang Joop planea abrir una filial nada menos que en Teherán, la capital de la revolución islámica. Para él, el estilo de vestir islámico es expresión de emancipación femenina, según dijo en un programa de televisión: “Me sustraigo a las miradas, a las críticas y a las comparaciones, precisamente en países orientales donde sabemos que el ambiente tiene una carga sexual. Para mí, toda esa actitud oriental, esa cultura, esa moda, tiene algo muy erótico y misterioso”.

Religión y estética

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Velos y erotismo: un motivo antiquísimo. Pero el Corán sugiere otra interpretación: “Cuando pidan algo a las esposas del profeta, háganlo tras un Hiyab”, dice uno de sus pasajes relativos a la vestimenta femenina.

Mariah Idrissi
“Yo creo en el Corán”, afirmó Mariah Idrissi en una entrevista publicada en el portal del semanario Der Spiegel. “Cubrirse es un deber, tanto para los hombres como para las mujeres”, indica, agregando que “el hiyab (velo) debe volverse algo común”. Para lograr eso, la modelo se adentra en un complejo terreno en que se trata de conjugar la religión y la estética. “Look chic”, dice el comercial de H&M en el momento en que se ve a Idrissi. Pero ¿no es acaso el realce de la belleza femenina en público justamente lo que los preceptos islámicos han intentado evitar?


Un alto precio

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La propuesta de los diseñadores a todas luces contribuye a la aceptación del pañuelo islámico en el mundo occidental. Pero el precio es alto, porque somete a las mujeres al dictado de la belleza. Eso es lo que intenta evitar el islam, por lo menos de acuerdo con la interpretación clásica.

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Las mujeres musulmanas que no quieren definirse por la apariencia ni ser objeto de los deseos masculinos, podrían verse ante un problema debido al carácter estético que la industria de la moda confiere al hiyab: esa prenda ha adquirido un nuevo significado, completamente opuesto al antiguo. El hiyab ya no oculta la belleza, sino que la acrecienta.

El hiyab clásico protege a la mujer de la mirada escrutadora del hombre. Pero justamente esa función es la que corre peligro de perder en alianza con la industria de la moda. Es algo que se puede aplaudir o lamentar. Pero lo único que está claro es que, en las creativas manos de los diseñadores, podría convertirse en un objeto que solo conserva un nexo remoto y lúdico con su contexto original.


Una Nota Informativa desde nuestra Mesa de Redacción
Fuente: Agencias




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