El complot que persigue a Maduro: la ira del pueblo venezolano

8 de septiembre de 2016

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Fue una visita improvisada, algunos creen que promovida por el oficialista gobernador del estado Nueva Esparta, Carlos Mata Figueroa, que quería mostrarle al visitante Nicolás Maduro que la localidad tradicionalmente chavista de Villa Rosa seguía con ‘la Revolución’.

Pero lo que encontró fue un pueblo iracundo que reclamaba a gritos la falta de alimentos, para luego forcejear con los funcionarios de seguridad y corretear al gobernante por las oscuras calles tocando cacerolazos.

El resultado final fueron decenas de detenidos, cinco de los cuales siguen en cautiverio, incluyendo al director del portal que colocó un video del incidente, Braulio Jatar, y la decisión del régimen de dejar a Villa Rosa, población ubicada en la isla de Margarita, sin comida.

El régimen de Maduro cada día obtiene más rasgos caricaturescos de una dictadura bananera, con el gobernante mostrando estar totalmente desconectado con la realidad y cometiendo errores que le llevan incursionar en el terreno de lo ridículo.

También se está tornando más represor, y en consecuencia más peligroso, en la medida que el creciente descontento popular le lleva a aferrase en un incremento de la represión, justificado los encarcelamientos con la incesante narrativa de que la oposición venezolana quiere derrocarle.

Pero el incidente ocurrido en la noche del viernes en Villa Rosa es un fenómeno inusual, cargado de un surrealismo que hacía recordar los viejos esquetch cómicos del comediante Benny Hill.

“Cuando primero vi eso, pensé que se trataba de un chiste, que era alguien disfrazado como Maduro”, dijo desde Miami el ex subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Otto Reich.

“Las imágenes de Maduro siendo perseguidos por las calles [del estado] Nueva Esparta llevaron a que la situación haya sobrepasado lo ridículo para entrar en lo cómico”, señaló Reich, quien también fue embajador de Estados Unidos ante Venezuela.

Lo ocurrido denota el grado de aislamiento en que se encuentra el régimen, y un total desconocimiento por parte de Maduro de las grandes dificultades por las que atraviesa la población de Venezuela, donde dos de cada tres personas no están comiendo las tres veces del día.

“Ellos no se están dando cuenta del grado de rabia y frustración por la que está atravesando el pueblo venezolano”, agregó Reich.

La reacción de Maduro no se hizo esperar, al día siguiente ordenó el arresto de más de 30 personas, incluyendo a Jatar, un prominente abogado y periodista que fue acusado con legitimación de capitales.

Pero las represalias también estaban dirigidas para los habitantes de Villa Rosa.

Fuentes familiarizadas con la situación dijeron a el Nuevo Herald que el régimen suspendió en la zona el programa gubernamental conocido como CLAP, el cual distribuye alimentos a precios controlados a los sectores populares.

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“Esa es una decisión inhumana”, dijo desde Caracas el diputado William Barrientos. “Ya los CLAP, son un mecanismo para aplicar el apartheid económico, porque brinda comida solo a los que están adscrito al propósito político de ellos. Pero luego dejar a los pobres sin comida […] por una motivación política, eso ya es un crimen de lesa humanidad”.

Barrientos explicó que aún cuando el suministro de comida de los CLAP es muy deficiente, éste se ha vuelto indispensable para los sectores de menores recursos porque es una de las pocas fuentes que tienen para adquirir alimentos.

Alfredo Díaz, alcalde de Porlamar, la mayor ciudad de Margarita, dijo que en realidad es muy poca la cantidad de alimentos que está llegando a la isla y que parte de la población se ha visto obligada a depender de la pesca de sardinas para sobrevivir.

Maduro había ido Villa Rosa, localidad previamente considerada como un Bastión del Chavismo, para inaugurar la reparación de techos de algunas viviendas.

Y la gente salió a esperarle frente a sus casas, sabiendo que por allí iba a pasar la caravana presidencial.

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Maduro los ve y se baja de la camioneta por su propia cuenta para saludarles, pero en vez de aplausos el gobernante fue recibido con el sonido de las cacerolas.

“Una señora se le acerca, a tocarle la cacerola y a decirle las cuatro cosas que ella pensaba, que le estaban dejando a pasar hambre, que no había medicinas, y él se puso a discutir con ella”, relató desde Porlamar, Carolina Isava, periodista de la cadena radial RCR.

“Maduro no agredió físicamente allí a la señora, pero los hombres que estaban allí se molestaron y hubo cierto forcejeo con el anillo de seguridad del presidente. Eso a su vez generó más molestia y las cacerolas comenzaron a sonar más duro”, reportó Isava.

Los vídeos que circularon esa noche en las redes sociales mostraron a Maduro tratando de salir a píe de la zona con una muchedumbre persiguiéndole bajo el sonido del cacerolazo.

El que la gente previamente chavista haya recibido a Maduro a cacerolazos, está entre las reacciones más normales que pueden esperarse dado el grave deterioro de las condiciones de vida en Venezuela, dijo Diego Moya-Ocampos, analista senior para América Latina de IHS Global Insight.

“Hasta ahora lo más normal que ha ocurrido en el país ha sido la reacción de Villa Rosa. En el marco de lo que había sido hasta ahora una actitud de paciencia extrema de la población venezolana ante las grandes dificultades del país, la reacción de esa localidad de Margarita de cacerolear, perseguir y de casi sacar a golpes al presidente de la República, cuando tiene el brío de presentarse como un caradura, con todos sus guardespaldas, en esa población, es la reacción más normal que puede esperarse”, explicó.

maduro-fuera-ineptoTambién denota un claro rompimiento de la población de menos recursos con el chavismo y en particular con Maduro.

Años atrás, el fallecido presidente Hugo Chávez salía exonerado de toda culpa cuando algún error se producía en el país, y en especial en el área económica, donde cualquier falla del régimen era colocada sobre sus colabores, no del líder.

“En la época de Chávez existía un fenómeno social muy extraño, que a pesar de las crisis, nunca se culpaba a Chávez de esa problemática. Hoy en cambio vemos como el descontento y la frustración de la población está estableciendo una conexión directa con Maduro, responsabilizando directamente al presidente de la República de los problemas de escasez del país”, explicó Moya-Ocampos


Antonio María Delgado créditosAntonio María Delgado

@DelgadoAntonioM

Agradecemos al Nuevo Herald permitirnos reproducir esta información







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