Gabriel Albiac: Yesterday

8 de julio de 2019

Yesterday Beatles




Hubo algo mejor en la vida, en nuestras vidas, que los Beatles? No es un juego literario preguntárnoslo. Yo he vuelto a hacerlo -lo hice antes muchas veces- después de ver la película Yesterday de Danny Boyle, que, como Oti Rodríguez Marchante ha analizado sabiamente en estas mismas páginas, está lejos de ser una obra maestra. Pero que, además de contar una historia, aunque demasiado sentimental, encantadora, funda su excusa narrativa sobre una pregunta que vale la pena hacerse. La vale, al menos, para todos los que ahora vamos para septuagenarios: ¿cómo hubiéramos conseguido soportar la vida tan gris que nos había sido prometida sin aquellos vinilos imprevistos que, apenas comenzados los sesenta, lo rompieron todo? Porque los Beatles fueron la educación sentimental de la última generación que, en Europa, soñó que era posible inventar un nuevo mundo: sólo belleza e ingenio.

Debió de suceder hacia noviembre o diciembre de 1962. Lo que sonaba en el tocadiscos de mis primos mayores se llamaba Love me do. Y no se parecía a nada que yo hubiera escuchado: ni yo, ni ellos, ni nadie de los de nuestra edad. Era música: lo cual es decir que era infinitamente más que música, porque en la música se aloja siempre el infinito, ese misterio que arrebata, sin saber por qué, a quien escucha y que, llegado el día, hace saltar el convenido mundo por los aires. Sin que nadie lo haya esperado.

No eran los textos. Al menos, al inicio. Lennon, McCartney, Harrison y Starr evocaban historias muy sencillas en sus primeros álbumes. Y, en su extremada sencillez, muy conmovedoras. Más complejas, a partir de aquel Rubber Soul de 1965, cuya Girl, muchacha encerrada en la renuncia impuesta a ser feliz, da quizá el punto de equilibrio entre la melancolía adolescente de los dos años previos y la grandeza adulta de lo que se avecinaba a partir de los lisérgicos Revolver y Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band: un continente nuevo de sonidos altamente elaborados, al cual los Stones primero, luego los californianos Doors y Airplane, iban a arrojarse a corazón perdido. Y, lo supiera o no, el 68 de Berkeley, como el de Berlín, París o Madrid, nació de aquel envite estético, infinitamente más que de ningún manual de consignas políticas. Después vendría el drama. Pero es que no hay en esta vida nada de verdad valioso que salga gratis. Se paga y se recuerda. Si se puede. Los dioses hieren: Lennon lo sabría un día en su desolado God.

Yesterday película dirigida por Danny Boyle
Boyle, en su película, elude ahora los pasajes tenebrosos. Que los hubo. Retiene el tiempo dulce de las flores, de una música en cuya madurez pervive todavía la adolescencia vulnerable, también generosa. Y hace bien. Aunque haga trampas. ¿Por qué no habría de hacerlas? Sin esa trampas, la vida hubiera sido más amarga. Demasiado. Y más amarga la memoria de aquel ayer milagroso en el que cuatro chavales de la dura Liverpool, inventaban la larga melancolía que venía en camino: Yesterday. ¿Hubo algo mejor en la vida que los Beatles? En la nuestra, nada.

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Gabriel Albiac
Catedrático de Filosofía Universidad Complutense de Madrid



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