Jesús Peñalver: Pan

8 de mayo de 2016

No hay harina no hay pan




“Dame tu pan en tu mano amasado,
dame tu pan en tu fogón cocido…”.
Andrés Eloy Blanco
Andrés Eloy Blanco 77

 

He allí las desgraciadas consecuencias de haber elegido a un milico golpista, resentido y delirante que con odio social inició la pesadilla. ¿Acaso no es una barbaridad decir que el pueblo manda haciendo colas por un paquete de harina, pote de leche, o un solo pan y pariendo por medicinas?

Que no haya en una ferretería o en una venta de cosméticos, desde luego se entiende. ¿Pero en una panadería? que falte allí el nuestro de cada día, ese que debiéramos comprar para comer sin dificultad ninguna, es otra perversión debida a aquel milico resentido, golpista y delirante en cuyas ideas explosivas y planes diabólicos, estuvo la terrible intención de acabar con todo un país. Hoy sus hijos, su legado y para nuestra desgracia, siguen el empeño de llevarnos al abismo.

Las grandes naciones, que hoy llamamos desarrolladas, consiguieron su progreso por el trabajo de sus hijos. Recuérdese el trabajo de los pioneros en los Estado Unidos y la ardua labor del Conquistador español cuando se convenció de que su Dorado estaba en la agricultura. De las haciendas de Barlovento nacieron los grandes cacaos caraqueños.

También Don Andrés Bello, al criticar, en su Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida, la lascivia y el ocio de los jóvenes de su tiempo, los convocaba al trabajo, “a la mano robusta que tostó el sol y encalleció el arado”.

Chavismo destrucción
Pues bien, ese accidente que ha sido y es el chavismo aposentado en Miraflores, la continuación de la angustia y el dolor humanos que sembró aquel golpista y que hoy, afanosos, siguen esos que se dicen sus hijos, no reparan en hacer y dejar de hacer todo lo que le conviene a su modelo totalitario para perpetuarse en el poder, rompiendo o violando reglas, acabando con principios y normas de convivencia, en fin, irrespetando los valores de la democracia y sus instituciones.

Siendo el chavismo la encarnación de todos los defectos morales del venezolano, la peste que desgobierna no escatima esfuerzos en enaltecerlos e intentar convencer a sus seguidores de que eso es bueno. El régimen que manda desconoce –eso parece- el valor del trabajo, lo que nos permite el pan, y alcanzar otros propósito de bienestar personal y familiar.

¿Sensiblero, quijotesco, soñador…? Quizás, pero con una profunda indignación al constatar que el pan que no encontramos para calmar el hambre, se equipara a la democracia que le falta a Venezuela. Hoy vemos con tristeza como un miserable sigue convenciendo a un pueblo noble e inerme, escaso de talento para advertir la verdad.

¿Cómo podría calificarse la promoción del hedonismo, la flojera y el facilismo? Chavismo, eso es, vulgar aprovechamiento del pobre, la manipulación de sus miserias, grotesca igualación hacia abajo, esa otra metáfora de la pobreza, mientras sus seguidores y protegidos exhiben grandes capitales, disfrutan de muchos gustos y prebendas, viviendo en los algodones de la comodidad que le brinda la impune libertad de poder robar el erario venezolano hasta la carroña.

No hay Pan 4
No se consigue como antes. Se ha ausentado de la panadería, y solo se ven las canillas desnudas de un gobierno malo que irrumpió contra el régimen democrático y aún persiste en su diabólico afán de sumirnos más en la miseria y en el más hondo de los abismos.

A pesar de la hora de angustia, no conviene encerrarse en una esclerocardia malsana ante las injusticas diarias; ver las injusticas y no tratar de corregirlas, por miedo o indiferencia radical, es también omisión perjudicial que puede ser tan grave como la comisión de un hecho.

Contra la abulia parroquial que nos acogota, contra la tranquilidad de la indiferencia de muchos, el país bien vale la pena. Evitemos que la sufrida Venezuela caiga víctima de la desmoralización, lo que es un riesgo que hay que conjurar en lo inmediato.


Jesús Peñalver foto de jiulio 2015
Jesús Peñalver
es abogado
Columnista de Opinión
penalver15@gmail.com / @jpenalver





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