Hermann Tertsch escribe sobre un lento mutis inexorable

6 de octubre de 2013

Berlusconi Portada 2

Nada será ya como antes para «Il Cavaliere». Sus idas y venidas del escenarios político, sus salidas dramáticas y entradas intempestivas y a la vez triunfales son ya cosa de un pasado que no volverá. Por muy cierto que sea que todos los que han dado por políticamente a Berlusconi se han tenido que tragar siempre sus palabras hasta ahora. Por cierto que sea también que si mañana hubiera elecciones volvería a apabullar con un resultado de dos dígitos. Quizás con uno mayor que los que garantizan a muchos partidos en el resto de Europa el encargo de formar Gobierno. Pero ya no es lo mismo. Porque será sin él. Y no es cierto, y él lo sabe, que puede hacer igual política desde fuera de las instituciones. Agitación sí, política ya no.
 
Berlusconi 3Desde ayer, la tapa del ataúd político de este hombre extraordinario, que ha marcado la política italiana como nadie en los pasados veinte años, tiene un clavo más. Porque la comisión del Senado decidió su expulsión y el levantamiento de su inmunidad. Dentro de quince o veinte días, habrá de decidir el pleno del Senado que, previsiblemente, confirmará esta expulsión. Y así entrará en vigor la inhabilitación de Berlusconi. No se sabe por cuanto tiempo será. Lo suficiente para que no acceda a ninguna nueva inmunidad política. Y mientras se puede sumar alguna sentencia más a las dos firmes que ya le esperan. El ocaso político de Berlusconi ha llegado. Cuando el martes apoyó al Gobierno de Enrico Letta después de un intento desesperado de tumbarlo por defender su inmunidad personal, hacía «Il Cavaliere» un reconocimiento de su debilidad, de su falta de razón, pero también era aquello, de algún modo, la aceptación resignada del final del camino, de su edad que ya ningún «lifting» ni viagra va a poder frenar. Ya no había subterfugio patriótico que hacer. Ya ha quedado sin fuerza toda cantinela de la conspiración, por mucho que en algún momento existiera. En su intento por acabar con el Gobierno de Letta en un momento dramático para la economía italiana, Berlusconi había dejado los últimos jirones de un argumentario político que siempre ha sido personal, pero que ya era solipsismo puro. Él mismo se situó enfrente del evidente interés nacional en una acción impropia de un gran calculador y sin duda fruto del agotamiento y la desesperación.
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A sus 77 años, Silvio Berlusconi tiene ahora tarea de sobra con la lucha por conseguir que las condenas, las que le han llegado y le llegarán, no turben demasiado los años que le quedan de vida. Una amnistía, ya sugerida por el presidente Napolitano en varias ocasiones, podría facilitar esa salida. Italia se tendrá que esforzar ahora, tras el ocaso de esta inmensa personalidad política y genial zámpano en conseguir crear una derecha homologable a la del resto de Europa.



Hermann Tertsch


Hermann Tertsch

@hermanntertsch
Periodista español. Columnista del ABC de España. Comentarista de Televisión





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