Luis José Uzcátegui: Negociación una palabra maldita en Venezuela

6 de enero de 2019

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Quienes vivimos en el mundo y más en un totalitarismo de nueva generación como en Venezuela, entendemos la dura y cruda realidad de la magia de la palabra, del peso y de su liviandad.

Hay palabras que se quedan secas, que se pierden en la cotidianidad del conflicto, que se borran tan rápido de la nube, como de la memoria de quienes conviven, sufren o se exaltan día a día por los mensajes que les llegan a través de las redes sociales las cuales se han convertido en respiro afectivo para millones de seres.

Pero hay otras palabras que se hinchan, se hinchan como pompas de jabón que crecen y crecen y nunca explotan, en la psiquis del poblador adquieren un efecto similar a los productos en época hiperinflacionaria, cada vez que son mencionadas, se siente una gran preocupación, un gran malestar y una percepción de tragedia. Estas palabras, como negociación, fácilmente hasta se convierten es un anatema inconsciente.

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La palabra negociar, en Venezuela es una de esas palabras que con sólo pensar que se van a oír se genera el zumbido de la oscuridad. Ese miedo escalofriante que tiene repercusiones corporales e ideáticas. ¡Siempre se piensa en lo peor..! Estás palabras que por tiempos y en ciertos países se vuelven impronunciables y si no se quiere recibir la hoguera social al sellar un discurso o un mensaje por las redes o los medios, los políticos sobre todo, empiezan a retractarse de usarlas ya que en el imaginario colectivo se han vuelto palabras malditas, casi impronunciables, que cubren de sospecha y malignidad a todo a quien asocia a ellas. 



Nadie puede maldecir sin el permiso de Dios, igualmente nadie convierte la palabra negociación en palabra maldita, sin su permiso, sin sus propios actos a los cuales vinculó la palabra. Cuando el “verbo” del hombre adquiera significados atroces, el único responsable es él, no el “pueblo” y nunca Dios. Es responsabilidad, sobre todo de los líderes, políticos o no. Cuando se es tan irresponsable en cosas tan trascendentales como ensuciar el camino de la negociación a través de la mentira se llega a lo que Nietzsche llamó “plebeyismo del espíritu”.


No olvidemos que el principio bíblico es: Cosecharás lo que siembras. Si bendices a otros serás bendecido. Si maldices, te maldecirán. Y quien engaña y humilla al pueblo con sus actos y mensajes vinculados a escenarios calificados de negociación, hace que en la mente de millones de ciudadanos, en función de protegerse de situaciones atroces maldice solo con la presencia de la palabra negociación en su memoria. Es un mecanismo psicológico defensivo, odiar es menos traumático para el ego que sufrir…

Por años Venezuela ha tenido su palabra maldita preferida: “Negociación”. Desde las usinas de los políticos, asesores, encuestadores, empresarios y “sabios” de la política esta palabra se ha convertido en estandarte para “pensadores de pacotilla” e “intelectuales” que viven citando referencia de autores que ellos mismos poco entienden. Pero éste no es el problema, todo es una nimiedad, ante lo grave y desgraciado que ya se instaló en la cultura actual del venezolano.

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Sin negociación, sin interacción humana para resolver las diferencias y llegar a acuerdos no existiría el sapiens como lo más granjeado de la evolución del homínido. Esquivar el acto de negociar para conjurar el fantasma más temido y evitar el efecto contagio, no funciona. Y es otra de las aberraciones que el régimen totalitario y algunos de sus amigotes de la oposición han creado, y ahora se benefician, al haber inducido a estigmatizar a todo lo que implica negociación. Le han dado sentido de maldición a una función altamente inteligente como es la negociación. Los resultados son obvios. Las mentiras y jugadas psicopáticas de unos pocos han llevado a millones de seres a victimizar una de las funciones mentales más sobrias y elegantes del pensamiento, y lo peor, estos mismos actores de la desgracia culpan al pueblo venezolano de falta de participación y solidaridad porque ya no cree en nada ni nadie. Una estrategia típica de los delfines de la política morbosa y del totalitarismo.

¿Qué hacer? Seguir utilizando una palabra que por obra de los políticos sobre todo, se ha convertido en excremento del lenguaje. Una palabra ya tan manoseada por la podredumbre humana, a veces casi vinculada a sectas satánicas, desprovista de anclajes con la dignidad, la ética y la responsabilidad, pero imprescindible. A veces, peor aún, convertida en coartada para el robo, el narcotráfico y los crímenes de lesa humanidad. Y sin embargo, si no existiera la dimensión negociación en la mente y su referencia léxica negociar, tendríamos inmediatamente que inventarla para poder vivir.

Es entonces cuando ese regalo de los Dioses la mente, alumbra soluciones y luces. Decía Soren Kierkegaard ese danés genial fundador del existencialismo que “la suprema paradoja de todo pensamiento es que pretende descubrir algo que es incapaz de pensar“, en estos momentos a millones de venezolanos dentro y fuera del país la realidad les tiene vedado pensar en diálogo, sus cerebros están desenfrenados en la búsqueda de hechos concretos y resolutivos para salir del infierno venezolano.

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Y todos están centrado en los objetivos que precisó el presidente de la asamblea Nacional el 5 de diciembre en consonancia con los planteamientos del grupo de Lima.

Luis José 2019 créditosLuis José Uzcátegui
Médico psiquiatra y antropólogo
ljuv2000@gmail.com 
@LuisJUzcategui
Diccionario de Salud Mental LJ Uzcátegui

https://drluisjoseuzcategui.wordpress.com/2016/04/18/diccionario-de-salud-mental/



 

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