Juan Diego Humpierres titula: ¡Hagamos consciencia!

5 de diciembre de 2016

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napoleon-bonaparte-5 Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse a él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.
Napoleón Bonaparte

 

Reprimir es un verbo de alto octanaje; es una manera perversa de ejercer el poder patológico, que conlleva a un solo destino: la violencia.

Sin embargo, hay dos formas en que la violencia se hace síntoma, una más visible que otra, pero ambas producen impactos de destrucción que apuntan al inconsciente social, –el gran rector de la conducta–.

Es por eso que quien acaricia la herida sistémica de una sociedad, se adueña de ella; a través del sufrimiento perenne; porque aunque suene muy perverso, es una forma en la cual se puede vivir –por supuesto que muy mal–.


Las transformaciones solo provienen del autoconocimiento, de la certeza del diagnóstico, del saber qué es lo que me toca cambiar en mí. Se requiere una palabra extraviada en nuestros tiempos: coraje, ese que no es otra cosa que entregarle a la vida lo que soy y no una impostura hipócrita que termina acomodándose a los intereses individuales; la mala noticia –o quizás muy buena– es que esta actitud es perecedera, porque más temprano que tarde esos sorbos de privilegio se irán, por más negocio y dinero que se tenga, vivir el bombardeo inmoral de un sistema como el nuestro es una pandemia letal en donde todos somos susceptibles de ser infectados y morir.


Las redes sociales, que en estos momentos son una especie de analgésico, se han convertido en un desahogo válido, pero muy inocuo, frente a la enfermedad crónica y letal en la cual estamos sumergidos: un país en manos de la criminalidad; un sexto poder que tiene secuestrado a la ciudadanía.

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He visto videos en donde se ilustra una tierra sin ley. La gente empieza a ser reactiva y a tomar la Justicia por sus manos. Si no se abren válvulas inmediatas para una franca salida de este infierno terrenal, esto que pareciera acariciar nuestro sentido primario de venganza ante la impotencia puede darnos una peligrosa proyección de un posible desenlace.

Hoy, frente a la torpeza política, que por cierto no tiene bandos y que suma una mayoría de sordos, de espalda al latir popular, sin duda mayoritario, están delegando en la desesperación social la salida, lo cual habla muy mal de un liderazgo torpe que sigue extraviado, o quizás más enchufado, que los propios ostentadores del sistema.

Creo en la negociación como camino, esa es mi formación como hombre de derecho y de estudio de la conducta humana, pero no todo es negociable en la vida; cuando la dignidad está en el tablero, no hay forma de sostener el diálogo. No creo en la violencia como salida, ni en golpes, ni en muertes. Creo que solo un acto de conciencia puede llevarnos a un giro definitivo; sin embargo, a veces, es más complejo y requiere un pensamiento amplio e inclusivo, ejercido con alta sabiduría, palabra alejada de nuestro repertorio “político”.


Amigos, despertemos con voluntad de abrir un compromiso de valores. Un NO definitivo, en donde la transformación y el aprendizaje sean la llave para girar la historia, y no un mechero que nos derrame en la batalla sangrienta en donde todos seremos perdedores.


¡Hagamos consciencia!



Juan Diego 2014

Juan Diego Humpierres

Abogado

Master en Psicología Jurídica de Familia

Master en Psicopatología y Psicoterapia
Diplomado en Negociación y Mediación

juandiegocd@yahoo.com
@juandiegomotiva




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