José Obdulio Gaviria escribe sobre un Mobiliario para la paz

5 de septiembre de 2012

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El de Santos es un gobierno ‘progre’. ¿Cómo, entonces, trabajar en ese ambiente plebeyo que tenía la oficina de Uribe? El despacho presidencial era una oficina gerencial; y eso es inadmisible. ¿Cómo atender, por ejemplo, a un delegado noruego que, de pronto, venga a hablar sobre un premio Nobel de paz? ¿Qué concepto se llevaría de un mandatario con una oficina llena de mapas y computadores; un mandatario más interesado en la pequeña historia de su país que en los grandes asuntos de la “gente bien” del mundo? ¡No! Lo que se necesitaba en Bogotá era una oficina ceremonial, digna de asuntos cuasi celestiales. Como la que tiene el rey de Noruega…

Santos es un presidente ‘progre’. Como exclamó enternecido Cristo (el senador, aclaro) en la cadena oficialista Caracol, “el Gobierno Santos cada día es más liberal y progresista”. El senador Sánchez, quien estaba detrás de su embelesado vocero, complementó: “Esto no es coqueteo. Son amores que eran clandestinos y ahora son permanentes”. Igual que con Chávez, pienso…

Un ambiente ‘progre’ debe cuidarse de caer en el populismo. Una cosa es tener claro el concepto “reparación de víctimas” (que da rating) y otra muy distinta es el proceso mismo de repararlas (que puede esperar). Por eso, esas ‘pulguientas’ oficinas de Acción Social en las que sudorosos funcionarios del gobierno Uribe atendían a los campesinos ahora tienen aire acondicionado y a un funcionario -‘progre’, él también- capaz de explicar las ventajas de la nueva política.

¿Y los contratistas de base de esas oficinas? ¡Que esperen! Puede que el año entrante los reenganchen para que cumplan con sus ‘tareítas’ para mendicantes, como entregar desayunos infantiles, almuerzos a ancianos y pagar las mensualidades de Familias en Acción. Cosas superfluas…

Lo que no puede esperar es la adecuación del set para poner en escena la nueva política ‘progre’: el despacho presidencial. Las oficinas se parecen a sus dueños.

Durante dos cuatrienios de Uribe hubo mapas por todas partes; los empresarios iban con informes ejecutivos de sus proyectos; los alcaldes municipales transitaban animosos por los pasillos cargados con carpetas y planos; las organizaciones sociales y movimientos cívicos ocupaban a diario el salón Bolívar con sus inquietudes y proyectos; y, sobre todo, los militares y policías de todos los rangos celebraban con el presidente largas sesiones de planeación e inteligencia, de las que salían acciones para que el Estado retornara a los municipios.

En fin, el gobierno de “derecha” del presidente Uribe se dedicó a trabajar, trabajar y trabajar en la Casa de Nariño acompañado del liderazgo nacional, sin que se dignara meterle un peso a la pompa y el ceremonial. ¿Y sin ceremonial, cómo va a progresar un país? ¡Qué oso…!

 Uribe, por ponerse a trabajar con soldados y policías vestidos de camuflado, avanzó en la seguridad. ¿Pero quién quiere seguridad otorgada por soldados? ¡Lo que necesitamos es paz otorgada por guerrilleros! La primera da dolores de cabeza, la segunda da premios. Hasta un Nobel se le podría atravesar. Por todo eso que he dicho, reivindico el contrato de “servicios artísticos” por 236 millones que celebró el presidente Santos con un arquitecto para rediseñar su despacho. El costo de los muebles va por aparte. ¿O es que creen que una credenza se hace con esa chichigua…?

Un Santos (derrotado y cohibido) y un ‘Timo’ (envalentonado y triunfalista) anunciaron ayer que van a refundar la Patria. Y pronto, desde la Casa de Nariño, con lujoso mobiliario y decoración de fondo, nos contará uno de ellos (¿Santos?, ¿Timo?, ¿ambos?) cuáles serán las nuevas reglas que regirán a la Colombia del (socialismo) siglo XXI…

 

 

@JOSEOBDULIO

Presidente del Centro de Pensamiento Primero Colombia. Columnista de El Tiempo, exconductor de programa CableNoticias

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