El mensalon de la izquierda brasileña

5 de septiembre de 2012

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Es muy fácil ser virtuoso cuando la tentación está lejos, soportar la sed cuando no hay agua y predicar la austeridad cuando no se tiene acceso a los bienes públicos, realidad que está siendo demostrada una vez más con el juicio que se está celebrando en Brasil contra antiguos altos funcionarios del gobierno del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva y dirigentes de su Partido de los Trabajadores.

Cerca de cuarenta personas, ministros, dirigentes del Partido, banqueros y empresarios están acusados de distribuir ilegalmente dinero público entre congresistas con el propósito de lograr el apoyo de los parlamentarios para la gestión de gobierno de Da Silva.

De izquierda a derecha (arriba) al expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, el exministro de presidencia José Dirceu, el presidente del Partido de los Trabajadores (PT), Roberto Jefferson; (abajo) el publicista Marcos Valério Fernandes, el extesorero del PT Delubio Soares y el expresidente del PY José Genoino

Lula Da Silva y José Dirceu

Este esquema de corrupción no solo compromete a los directamente implicados, entre ellos al más importante miembro del gabinete de Lula, José Dirceu, un guerrillero reciclado que estuvo asilado en Cuba y que al igual que muchos de sus compañeros de ruta recurrió a la violencia para combatir la corrupción de los otros, aunque por los resultados se aprecia que cuando muchos de sus pares controlan el poder,  Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega, la corrupción se extiende a toda la sociedad y se institucionaliza.

Es importante destacar que el Partido de los Trabajadores, como otras agrupaciones que claman por el reino de la justicia social aun a costa de la libertad individual, en realidad se pierde la libertad y reina la injusticia, promueven valores morales en la administración del estado que por lo regular vulneran cuando llegan al gobierno.

Estos sucesos que tuvieron lugar en el 2005 y que están siendo ventilados siete años después por el Supremo Tribunal Federal de Brasil, ponen en tela de juicio la honorabilidad de Lula porque es difícil imaginar que si su heredero político, Dirceu, estaba jugando sucio, el presidente lo ignorara, lo que ensombrece lastimosamente los notables logros de su gobierno, que sacó a millones de personas de la pobreza ysituó a Brasil entre las grandes potencias económicas.

Muchos afirman que el principal beneficiado del “mensalon” fue el presidente Lula, ya que los congresistas involucrados recibían cerca de 15,000 dólares mensuales del dinero público, si apoyaban las propuestas del gobierno, razón por la cual varios medios de información acusan a Lula de dejar que la basura se escondiera bajo la alfombra.

Lula respaldó todo el tiempo a Dirceu y este solo renunció a su cargo cuando la crisis amenazó directamente al mandatario, por lo que es difícil aceptar que Lula fuera ajeno a los actos de corrupción de su asociado más próximo. De demostrarse alguna complicidad el legado político del ex dirigente sindical y su proyección e influencia en el hemisferio, quedaría anulada.

Por supuesto que hay quienes afirman que todo responde a un plan de la oligarquía que busca entorpecer una eventual candidatura de Lula para los comicios del 2014.

También afirman que el proceso busca afectar la administración de Dilma Rousseff, quien contrario a su predecesor destituyó en cinco meses a seis ministros que habían ocupado esas posiciones en los gobiernos de Lula. Cinco de los ministros fueron acusados de actos de corrupción durante el gobierno de Lula, por lo que resta la interrogante si el carismático presidente no actuó contra esos funcionarios por desconocimientos o por motivos más complejos.

Mientras la presidenta Rousseff pide a sus ministros bajo ataque que se defiendan públicamente, Lula los defendía firmemente de las acusaciones, culpaba a la oposición de gestar falsas campañas en su contra y solo los removía cuando la situación se hacía insostenible.

Rousseff, que llegó a la presidencia como consecuencia del escándalo de corrupción en el que está acusado Dirceu, el seleccionado por Lula para sucederle en el palacio de Planalto, tiene una expresión: “En mi gobierno no permitiré ilegalidades”, lo que abre espacios para no dudar que en los gobiernos que le precedieron sí las hubo.

Roberto Gurgel

La defensa del Juicio del Siglo la llevan 150 abogados criminalistas de los bufetes de mayor prestigio del país, pero el procurador general de la República, Roberto Gurgel, no se dejó intimidar, y pidió un mandato de prisióncontra varios de los líderes más destacados en la historia del Partido de los Trabajadores de Brasil.

Por su parte Luiz Correa Barbosa, abogado defensor del ex diputado Roberto Jefferson, el que destapó la olla de podredumbre que había en el gobierno de Lula, pidió que el ex presidente fuera incluido en el proceso, lo que la Corte rechazó, por lo que siempre quedará el interrogante sobre cuánto sabía Lula de la corrupción qué existía en su gobierno.

Pedro Corzo (*)
pedroc1943@msn.com
*.-Periodista y Director del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo

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