Don Ramón Jota (Un relato de Eleonora Bruzual)

3 de agosto de 2014

Ramón J Velasquez Portada


Nunca le llamé Dr. Velásquez… ¿Cómo quitarle el Don a quien desbordó siempre señorío?

Ramón J Velásquez 66Le conocí siendo una muchachita, como a él mismo le gustaba referir, y no más verlo supe que en ese hombre sereno, amable, jovial tendría una fuente para beber historia, cuentos, anécdotas y sobre todo venezolanidad es su concepto más amplio y más certero.


Venía a la casa de mis padres cada año o dos veces en ese lapso, Marthe Arcand de Pocaterra, viuda del gran escritor José Rafael Pocaterra, una québécoise recia, impertinente, dueña de mil historias de una Venezuela donde siempre las pretendidas “Elites” guardan fantasmas impresentables y ruindades inconfesables en los viejos armarios. Esas historias atrapaban mi interés y forjaban mi visión de mi tierra, esa que resulta grata a primera vista pero que ha encerrado desde siempre complejos, mentiras, vivarachería. Ese côté lo conocí gracias a Dña. Marta (como la llamábamos) y a Don Ramón Jota…

Y es que no más llegar Marthe Arcand de Pocaterra a Caracas me quedaba horas escuchando sus cuentos, y cuando crecí más era yo quien la acompañaba al Congreso, a la Biblioteca Nacional y a Miraflores, donde siempre había trámites que hacer en relación con las publicaciones de las obras de Pocaterra. Casi todos esos asuntos nos llevaban seguro hasta Don Ramón Jota paciente y generoso invariablemente dispuesto a orientar y ayudar.

Pasaron los años y me reía con ganas cuando le escuchaba referir el tiempo que teníamos de conocernos. Cuando le contó a mi marido Luis José Uzcátegui -su entrañable amigo- de una muchachita traviesa, curiosa, irreverente que preguntaba y preguntaba y nunca le fastidiaban las largas conversaciones de esos dos que parecían una enciclopedia temática. Cuando muy gocho le decía: ¡Uyuyui las preguntas que hacía!

Ramón J Velasquez joven 2Cuando en uno de mis primeros programas de televisión tuve la fortuna de entrevistarlo y me permitió a mí y a la audiencia irnos a ese Táchira de principios del siglo XX, conocer costumbres, tipologías y sobre todo saber de la reciedumbre del andino del que fue exponente de lujo. Cuando me sentía de su mano –en esos ejercicios mentales que me son tan fáciles y donde me traslado en tiempos y geografías- saliendo de San Juan de Colón rumbo a Caracas.

Y es que era fascinante escuchar cómo aquel muchacho a lomo de bestia llegó hasta la costa zuliana para de allí –por barco- viajar hasta La Guaira y subir una montaña más bajita que las de su tierra, y llegar a la capital de una Venezuela rural, militarista y absolutamente marcada por la impronta andina.

Ramón J PeriodistaEra Don Ramón Jota Doctor en Ciencias Políticas y Sociales además de abogado, pero fundamentalmente era un gran periodista que se curtió en las salas de redacción y transitó todos los oficios desde reportero a Director de diarios tan importantes como El Nacional y El Mundo.

Este andino que nació para moverse y conocer los recovecos del Poder fue Secretario General de la Presidencia durante el segundo gobierno de Rómulo Betancourt y ministro de Comunicaciones durante el primer gobierno de Rafael Caldera. De una visión extraordinaria se afanó por hacer de Venezuela un país descentralizado, y así no descansó hasta crear la Corporación de Desarrollo de Los Andes (Corpoandes), y desplegó capacidades y sueños cuando presidió la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE).

Ramón J Velásquez 56Era un político activo pero jamás le obnubilaron ambiciones, en ese hacer fructífero lo vi trabajar con ahínco en la campaña electoral de Carlos Andrés Pérez en 1988. Ganó su paisano tachirense y Don Ramón Jota fue senador y Presidente por Venezuela de la Comisión Presidencial para Asuntos Fronterizos Colombo Venezolanos (COPAF) entre 1989 y 1993, porque si de algo sabía este amigo mío, este maestro, era de las complicadas relaciones en esas fronteras vivas con los colombianos.

Cómo gocé esas historias, esas descripciones de la idiosincrasia colombiana, aparentemente parecida a la nuestra pero realmente tan distinta.

Y así llegó el amañado juicio a Carlos Andrés… Así llegaron los días donde los resentidos, los cobradores de rabias tragadas en ese silencio que guardan los gobierneros, pasaron a ser “Notables”. CAP fue destituido y Ramón José Velásquez –por decisión de Acción Democrática y COPEI- pasó a ser el hombre que ascendiera a la Presidencia de la república para completar el periodo constitucional. Días donde mi amigo conoció la soledad del Poder, vio frente a frente la mentira y a sus desvergonzados cultores. Tiempo en el cual otra vez Dña. Ligia su esposa fue la gran compañera también en esas horas yermas.

Ramón J Velásquez 65
De la historia toda de Venezuela, de ese siglo XX de tiranos, democracia y golpistas, de ese tiempo donde conoció las soledades de Miraflores y abundaron los buscones y los felicitadores me contó cuentos que disfruté muchísimo. Me contó de vivarachos que le organizaron homenajes en lujosos hoteles y después solapados le planteaban importantes “Ideas en bienestar de la patria”… Me contó y me contó y con esas memorias magnificas puedo decir que mi amigo Don Ramón Jota me nutrió de sapiencia para hacerme del testigo y sentirme que guardaré y contaré esa historia viva de la que él fue un maestro irrepetible.


Eleonora Bruzual
Periodista
ebruzual@gmail.com
@eleonorabruzual
Agosto 2014




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