Una soga rusa para salvar a Asad

3 de junio de 2012

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Si Siria constituye, como algunos creen, el eje central para comprender los acontecimientos en el Oriente Medio; entonces, los signos no son positivos. La predilección occidental por la retirada del embrollo de Oriente Medio no es imitada por las potencias no-occidentales. Por el contrario, como la decidida y eficaz línea ruta de abastecimiento de armamentos para Asad lo demuestra; la política de Moscú en Siria combina objetivos claros y una eficacia brutal en su ejecución.

El puerto de Oktiabrsk está situado en la margen izquierda del río Volga, a 58 km. al norte de la entrada al Mar Negro. Cerca de la ciudad de Nikolaev, este anónimo puerto ucraniano no podría parecer más alejado del conflictivo Oriente Medio.

Sin embargo, en el último año, Oktiabrsk ha desempeñado un papel clave en el andamiaje internacional que permite que la dictadura de Asad, en Siria, sobreviva. Es el punto principal desde donde los buques con las armas rusas, que rubrican la supervivencia del régimen de Asad, parten plácidamente en su viaje hacia la costa de Siria.

Fletado por la corporación de armas estatal rusa Rosoboronexport, los barcos hacen su trayecto desde Oktiabrsk hasta el Mar Negro. Cruzan el estrecho del Bósforo en dirección a Limasol en Chipre y continúan hacia el puerto marítimo de aguas profundas ruso en Tartus, Siria.

Estos envíos formar un nódulo fundamental en el esfuerzo incansable de Moscú para evitar la revolución en Siria. Sin embargo, han recibido insuficiente atención internacional.

Si Siria constituye, como algunos creen, el eje central para comprender los acontecimientos en el Oriente Medio; entonces, los signos no son positivos. La predilección occidental por la retirada del embrollo de Oriente Medio no es imitada por las potencias no-occidentales. Por el contrario, como la decidida y eficaz línea ruta de abastecimiento de armamentos para Asad lo demuestra; la política de Moscú en Siria combina objetivos claros y una eficacia brutal en su ejecución.

¿Por qué Rusia está tan determinada en preservar el gobierno de Asad? La primera razón es económica. En tanto que Rusia regresado, en la última década, a la prominencia internacional; las exportaciones de armas a Siria han aumentado de manera exponencial. Entre 2007 y 2011, las importaciones procedentes de Rusia representaron el 78 por ciento de todas las importaciones de armas de Siria, según un reciente informe del Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés).

El segundo mayor proveedor de armas para Asad en el período 2007-2011 fue Bielorrusia, que da cuenta del 17% de las importaciones sirias. El aislado régimen de Lukashenko en Minsk no tiende a una política independiente en términos de suministro de armas. Por el contrario, vende equipos de armas rusas en coordinación con – y probablemente – bajo la dirección de sus patronos rusos.

Así que ponga las cifras en conjunto y tendrá el 95% de las importaciones de armas de Siria procedentes de Rusia o sus satélites. Pero esto no termina allí. El 5% restante de las importaciones de armas, según el SIPRI, proviene de Irán. Pero los iraníes, también, en gran medida proporcionan a Siria equipos bélicos rusos.

Los intereses económicos de Moscú en Siria no se limitan a la esfera de la exportación de armas. Las empresas rusas están fuertemente involucradas en proyectos de infraestructura y exploración de petróleo y gas.

La inversión total en Siria ascendió a 19.400 millones de dólares en 2009.

La segunda razón por la que Rusia ha invertido en el reinado de Asad es estratégica. La base naval de Tartus le brinda a la Armada rusa la capacidad de operar en el Mediterráneo, y por lo tanto de alcanzar el Mar Rojo a través del Canal de Suez y el Atlántico a través del Estrecho de Gibraltar, en el menor tiempo.

Los rusos también tienen interés en el mantenimiento de un cliente problemático en el Levante para que actúe como una herramienta potencial de disrupción y presión política contra Occidente en su propio patio trasero. Moscú se ve amenazada por la expansión de la OTAN hacia el este.

Es útil disponer de un cliente bien ubicado, cuya capacidad de generar problemas podría tener un efecto disuasivo contra las maniobras occidentales.

Este elemento, que encaja perfectamente con la conocida práctica del régimen de Asad de crear problemas y luego ofrecer sus servicios para ayudar a resolverlos (a un precio), se remonta a la época de la Guerra Fría.

Más nebulosamente, Rusia teme la propagación del islamismo en el norte del Cáucaso y Asia Central, y quizás también la propagación de la creencia de que los dictadores son falibles más al oeste de la propia Rusia.

Por último, el apoyo de Rusia a Asad produce una razón evidente para jugárselas al todo o nada: es decir, el hecho de que la oposición a Asad sabe muy bien que lo que lo está manteniendo a flote, y está haciendo sus cuentas. Como le dijo a este periodista un oficial del Ejército Libre de Siria en Antioquía, una Siria post-Asad “no dependerá, ni tendrá relaciones con, ni adquirirá armas de Rusia”.

¿Qué importancia tienen las armas rusas para la supervivencia del dictador? Constituyen un sólo componente, pero vital en la resuelta coalición internacional reunida detrás de Bashar al-Asad. La Fuerza Quds de Irán y Hezbollah están en el terreno, proveyendo asistencia y la participando donde es preciso en el combate directo. Rusia y China están bloqueando cualquier intento de acción real contra el régimen por medio de la ONU.

Si la soga de salvamento de Rusia se retirara; tal vez Irán, China o Corea del Norte podrían tratar de compensar la diferencia. Pero por ahora, es Rusia, quien está bombeando la vital sangre de hierro en las venas del régimen.

En contraposición, el Ejército Libre de Siria todavía está realizando sus magras operaciones de contrabando de armas a través de las montañas de Turquía y el Líbano, respaldado por innumerables y confusos canales de dinero islámico sunita, proveniente de Qatar y Arabia Saudita. Los manifestantes siguen saliendo a fuera para ser asesinados en Deraa, Homs, Hama y Idlib.

Occidente, mientras tanto, sigue apoyando el plan de paz de Annan, muerto antes de nacer.

Los perdidos boinas azules, observadores de la ONU, están vagando alrededor de sitios de Siria, en los que les permiten a entrar.

El gobierno de Obama bien podría estar todavía tratando de convencer a Rusia de la necesidad de que Asad de un paso al costado. Washington evalúa correctamente que sólo en Moscú podría tener la capacidad de lograrlo. El problema es que Rusia no muestra ningún interés en ayudar a EE.UU.

Por el contrario, está apoyando a su cliente hasta el final. De esta manera, Moscú está demostrando que entiende muy bien la naturaleza dura y “hobbesiana” de las relaciones patrón-cliente en el Medio Oriente. Si el dictador sobrevive, el triunfo de Moscú y Teherán será notado muy bien por las elites regionales.

Mientras Occidente se estremece desafortunado.

Día tras día, continúan los asesinatos y el caos en Siria. Día tras día, armas y municiones son cargadas a bordo en el sereno puerto de Oktiabrsk en el sur de Ucrania. Día tras día, Rusia construye capital político y estratégico a la manera tradicional – a través de una férrea voluntad, una dirección clara, y el respaldo de sus clientes – frente a una política occidental totalmente caótica.

 

 

Autor: Jonathan Spyer
Columnista del Jerusalem Post

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