Miguel Yilales: Es la partida, estúpido, es la partida

2 de noviembre de 2016

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Sé donde nací, imposible que lo recuerde pero mis padres me lo contaron y cuando fui presentado en el municipio San Simón, en Maturín, en el estado Monagas así quedó asentado en mi partida de nacimiento.

Mi papá fue pionero del periodismo monaguense, nos inculcó valores sobre la familia, la constancia y la perseverancia. Él era oriundo de un caserío a la entrada de la capital del estado Monagas, con sus casas de bahareque y sus pisos de tierra, con sus olores a merey y sus sabores a jalea de mango, nunca aceptó que dijeran que era de Maturín y orgulloso aclaraba que había nacido en El Corozo; y mi mamá que nació en Maracaibo, no digo marabina, maracucha o maracaibera para no herir susceptibilidades con el gentilicio, tempranamente se la llevaron a Caracas, tampoco renegó de su origen y por el contrario nos enseñó a comer mandocas con queso, plátanos maduros, bollos pelones y patacones rellenos.

Creo que no debe haber peor cosa que tener que ocultar tu origen, no poder contarle a tus amigos y compañeros con orgullo sobre tus padres, quienes eran, como levantaron la familia, cuáles fueron sus logros, además tener que renegar de ellos, ocultarlos con un velo que los minimice y preferir ser un paria familiar sin parientes consanguíneos o por afinidad. El dicho popular dice que el que le pega a su familia se arruina, ahora imaginen lo que le debe ocurrir a quien abjura de sus familiares, su gentilicio y sus orígenes: las plagas de Egipto mezcladas con las maldiciones de Tutankamón, los Romanov y los Kennedy.

Todos los caminos


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Eso es lo que debe estar sintiendo el heredero del cadáver insepulto que al no poder demostrar cuáles son sus orígenes, le ha dado por inventar y fantasear sobre los lugares donde a él le hubiese gustado nacer y por eso ha puesto a ese espurio bufete de abogados que es el máximo órgano de injusticia en Venezuela a que actuasen como comadronas y le pariesen una sentencia que diera por zanjado su origen, su nacionalidad y cualquier vacilación al respecto.

Pero cuando se designan como magistrados a doctores “chimbines”, personajes sin carrera judicial, tipejos con escasa o ninguna experiencia en la docencia de leyes, códigos y normas o adefesios con postgrados exprés conferidos por el ñangarato español, da como resultado que lo que se pretendía aclarar terminó por corroborar lo que era un secreto a voces: que la inexistente y atesorada partida de nacimiento dice otra cosa y que se han inventado unos folios garabateados con los que pretenden meternos gato por liebre.

Por supuesto todo ese esfuerzo tuvo el único propósito de obstaculizar, una de las muchas vías intentadas por los venezolanos (el anulado revocatorio, la obstaculizada enmienda, la innegable responsabilidad política y, ahora, el indudable abandono del cargo) para cristalizar lo que la mayoría clama: que no sigan al frente de los destinos del país quienes han demostrado incapacidad para hacerlo; que desalojen las instancias del poder quienes desconocen cuáles son sus responsabilidades; que salgan de Miraflores quienes instauraron el narcotráfico como negocio gubernamental y familiar o permitieron la insolente invasión de cubanos en el suelo patrio y que entregue el cargo quien abunda en escasez de ideas sobre cómo corregir los desaguisados, desatinos y penurias a las que nos condujeron él, su predecesor y este rancho llamado Socialismo del Siglo XXI.

La peor casta de delincuentes

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Lo deseable es una salida política que nos permita recuperar el tiempo perdido y que, por fin, entremos a la presente centuria, que dejemos de ser el hazmerreir del continente al tener las mayores reservas petroleras pero con los peores indicadores y expectativas económicas, que no sigamos amparando al narcotráfico internacional ni sirviendo de cobijo a los marxistas subversivos del continente y que dejemos de desestabilizar a los gobiernos democráticos con el cuento de la exportación de un modelo que solo ha traído miserias y desgracias.

Nuevamente cobra vigencia la expresión de Bill Clinton cuando en plena campaña electoral le decía estúpido a George Bush porque no entendía que el problema de los norteamericanos era la economía, en nuestro caso habría que parafrasearla para explicarle a los estúpidos en el poder que el quid del asunto es la partida, pero no la de nacimiento (que facilitaría las cosas), sino la partida de la peor casta de delincuentes que ha pasado por Miraflores.

Llueve… pero escampa

Miguel Yilales Miguel Yilales
Periodista venezolano
@yilales




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