El fin de la historia del fútbol

2 de julio de 2012

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La hazaña del seleccionado español de fútbol, al ganar la Euro 2012, su tercer título consecutivo (Euro 2008, Mundial 2010), con un concluyente 4-0 ante Italia, tras un despliegue apabullante de buen juego, ha silenciado a los detractores que repudiaban su juego de tiki-taka: “tan aburrido como ver crecer el pasto”, decían.

Hasta Arsene Wenger, un personaje identificado con la belleza del juego, se había alineado con los acusadores: España era culpable de practicar “un dominio estéril”, traicionando su filosofía; “originalmente querían tener la posesión (del balón) para atacar y ganar el partido; ahora da la impresión de que su objetivo principal es no perder el partido”.

Las estadísticas parecían respaldar la opinión del técnico francés: en Euro 2008, España había disparado al arco cada 27,4 pases; en el Mundial 2010 cada 34,2 pases… y en la Euro 2012 cada 42,9 pases.

Pero el problema con las estadísticas es su interpretación: antes del hecho parecen indicar una cosa; después, bajo otra luz, nos dicen otra.

Ahora, tras la lección impartida por el equipo de Del Bosque, hay quienes dicen que se ha acabado la discusión, que este desenlace equivale, en el plano futbolístico, al Fin de la Historia, la noción acuñada en 1989 por Francis Fukuyama tras el derrumbe de la Unión Soviética.

Evolución del fútbol

“Lo que estamos viendo no es sólo el fin de la Guerra Fría, o la superación de un periodo particular de la historia de posguerra, sino el fin de la historia como tal; es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano,” escribió Fukuyama, una opinión que 23 años después parece bastante superficial.

Escuchando a los Fukuyamas del fútbol (muchos de ellos críticos de Del Bosque hasta hace un par de días), pareciera que se ha acabado la historia de la evolución del deporte y que para ganar el Mundial de 2014 habría que jugar como esta España.

El problema, claro, es que ni siquiera España puede jugar habitualmente como España lo hizo anoche en Kiev.

Todo le salió bien a Del Bosque, que además de un plantel excepcional tuvo la buena suerte de que la audaz propuesta de su colega Cesare Prandelli sufriera dos calamidades sucesivas: primero, la lesión de Chiellini, el defensor más experimentado; y luego, a los 12 minutos del segundo tiempo, la de Thiago Motta, que dejó a Italia con 10 hombres ante uno de los mejores equipos de la historia… y encima inspirado.

Audacia

El técnico italiano, nos explica Gabriele Marcotti, del Times y Corriere dello Sport, se propuso demostrar que el fútbol de su país “podía ser exitoso no sólo a través del rigor táctico, la fuerza mental, la solidez defensiva y el ataque despiadado, sus armas del pasado, sino también a través de la creatividad colectiva, la audacia y la exuberancia en el ataque.”

Todos los que aplauden (que aplaudimos) a España deberían agradecer también esta evolución del juego italiano, una de las consecuencias, según se dice, del juego del Barcelona a nivel de clubes y de España en el plano internacional en los últimos años.

“Ya ven”, diría Fukuyama, “que también en el fútbol la evolución tiene un final.”

Pero la comparación es engañosa: el fútbol es un juego de pelota, no un proceso social en un marco ideológico.

José Mourinho, que ridiculiza el estilo del Barcelona, ganó la liga española con su juego directo, de golpes al mentón; y Portugal, que practica en el plano internacional una propuesta similar a la de Mourinho, sólo cayó ante España en los penales.

Mundial 2014

Son muchos los comentaristas (y no todos parciales) que auguran una nueva era de predominio del Real Madrid. Y en el Mundial 2014, además de la enorme dificultad de ganar un cuarto título consecutivo, los obstáculos serán formidables para España.

Brasil, claro; y Argentina, y Uruguay… para no hablar de una Alemania madura, una Italia que probablemente persista en su “nuevo pragmatismo” y hasta Portugal, que ya no es simplemente un sostén táctico para el lucimiento de Cristiano Ronaldo. Tema para discutir: Portugal acompaña mejor a CR que Argentina a Lionel Messi.

Si Cesc Fábregas hubiera fallado su quinto penal ante Portugal (la pelota pegó en el poste antes de entrar), Cristiano Ronaldo habría podido lanzar el suyo y tal vez… tal vez se estaría hablando ahora del fin del tiki-taka.

Y Del Bosque estaría buscando trabajo en una cantera… y…

Y esto es un juego, señores. Este es su principal encanto. Hay una tendencia, claro, pero que puede cambiar con el rebote de una pelota.

Posesión

Hasta hace unos días, se daba por sentado que España se defendía mediante la posesión, que la eficacia de su juego dependía fundamentalmente de tener la pelota y no dejar que el rival la tuviese más de unos pocos segundos cada vez que la perdía.

Pero una estadística crucial sugiere que esto no es necesariamente así: durante el primer tiempo en Kiev, Italia tuvo más la pelota que España, 53% de la posesión… pero los goles (dos de ellos) los había convertido España, que tenía mejores jugadores.

Agradecemos a España por habernos dado un partido inolvidable, pero sería injusto olvidar a Italia.

Destino

En el destino azzurro figuran dos de las goleadas en contra más trascendentes de la historia del fútbol: este 4-0, y el 4-1 ante el Brasil de Pelé en la final del Mundial 1970.

Para perder una final hace falta llegar a ella. Italia, la vieja Italia, cayó ante dos de los seleccionados más brillantes en la historia del fútbol.

Sobre esto no hace falta pedir confirmación a Francis Fukuyama.

 

 

 

Raúl Fain Binda
Cronista deportivo de BBC (Londres)

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