Jesús Peñalver: De vates quebrados y jalabolas…

2 de junio de 2016

Chavista adulando

 

 


Cuando Chávez le inquirió al oriundo de Vigo-España, sobre los planes de vivienda, el inefable y multidisciplinario funcionario dio por respuesta: «Presidente, con los planes que usted está anunciando y gracias a su conducción no tengo dudas que vamos por buen camino y el problema será superado en 15 años».  Así demostró Farruco Sesto que en la 5ª sabe jalar.

Las clases dominantes conocen el poder del arte, aunque finjan ignorarlo, también las trapisondas para incorporar al artista a su entorno; aprovechan el poder que ostentan, para incorporar a su entorno también a deportistas y a otros que les aplaudan.

Ni los más torvos déspotas ignoran cuánto puede hacer una dádiva, una canonjía para que artistas se acerquen a sus cortes. Es así, la barbarie prefiere espejos complacientes, a aquellos de la madrastra que les diga la verdad sobre sus fechorías y fealdades.

Bien, conviene registrar los eventos de la jaladera que no dejan cataplines sanos, estampando las huellas de tantos desvergonzados que venden la dignidad por un plato de lentejas.

Estamos en la época escrotocrática del siglo XXI.

Aduladores 3La adulación no es nueva; de ella han disfrutado muchos dictadores venezolanos: Los hermanos Monagas, Antonio Guzmán Blanco, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. De modo que todos los que han jefaturado regímenes de oprobio e ignominia en Venezuela han tenido insectos rastreros a su lado; reptiles de la política dispuestos siempre a lamer suelas. Imbéciles oportunistas que no dudan un instante, ni desperdician ocasión para jalar. Miserable papelito en esta obra de la escena nacional.

Jalar es término admitido por el Diccionario de la Lengua Española (DLE), como sinónimo coloquial de halar. Nosotros lo usamos con sentido peyorativo para señalar a los adulantes a quienes llamamos, limpio y pelado, jalabolas. La adulación ha existido en toda la historia de la humanidad siempre asociada a lo perverso.

Cuentan que un tal Vidaurre, intendente de Lima, se postraba en cuatro patas para que Bolívar pudiera subirse al alazán árabe que le había obsequiado la municipalidad. Cuando José Tadeo Monagas preguntaba la hora, tenía cerca un adulante que le respondía:  «La que usted quiera que sea mi general»

Un ministro al que Guzmán Blanco despidió a insultos gritados, en público, respondió, cuando iba saliendo en estampida del despacho presidencial: «Hasta en lo malcriado te pareces al Libertador».

Guzmán, al que le gustaba que lo compararan con Bolívar, lo perdonó.

Otro le dijo al chaparrito Cipriano Castro: «Mi general, los hombres de verdad se miden de las cejas hacia arriba». Y como el «mono lúbrico» tenía la frente empatada con las espaldas, se sintió en las nubes.

Adulador 8En las cortes de los mandones brillan lúgubres payasos capaces de componer poemas y manejar palabras. Vergüenza da el servilismo de intelectuales que se venden a la satrapía por un plato de lentejas.

Intelectuales o artistas de alquiler, dispuestos a recoger la limosna del déspota de turno. Se puede ser un gran escritor y un pequeño hombre; un gran escritor y un enano miserable.

Como en una competencia, de suyo indigna y vergonzosa, participan a ver quién en su afán de reconocimiento e indiscutible y denigrante arrebato enloquecido, demuestra que es capaz de degradarse más.

La más elocuente conducta de rastrera adulación lo hace acreedor de un premio que habrá de crearse y llamarse, tal vez, Hugo Chávez. No olviden que Luis Alberto Crespo, sin desparpajo alguno, afirmó: “Chávez es el mejor poeta del país».

Por cierto, la edición número 13 del Festival Mundial de Poesía de Venezuela será en homenaje Tarek William Saab Jalabi. Quizás la próxima sea para honrar a la primera combatiente, siendo que es poeta y muy buena declamadora, según su señor esposo.

Cuando un filósofo mediocre que vivía a la sombra de un príncipe, encontró al grande Diógenes, el cínico, preparando lentejas para comer, le dijo: “Diógenes, si vivieras en la corte no necesitarías preparar lentejas para alimentarte”. A lo que Diógenes le respondió: “Y si tú supieras preparar lentejas no tendrías de necesidad de adular a un príncipe para vivir”. 

Qué duda cabe, para ser jalabolas hay que ser corrupto o mediocre o en caso extremo, ambas cosas.


Jesús Peñalver foto de jiulio 2015
Jesús Peñalver
es abogado
Columnista de Opinión
penalver15@gmail.com / @jpenalver



 

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