Ansiedad: una emoción de antes al servicio de los problemas de ahora

2 de mayo de 2013

Ansiedad portada

Recientemente hice alusión a esa sensación de seguridad y confianza gracias a la cual nos movemos por nuestra ciudad y desempeñamos con tranquilidad todas aquellas actividades que nuestra actividad diaria requiere.

Necesitamos sentirnos seguros, de otro modo el pánico nos paralizaría o nos empujaría a una constante huida que imposibilitaría igualmente la estabilidad de nuestro desarrollo vital.
Ansiedad hombre
En general, nuestros problemas cotidianos hoy, en los países occidentales, son económicos, son anímicos o son relacionales.
Ansiedad azul
Pero no andamos temiendo por nuestra vida a cada instante. En general, no nos levantamos por la mañana pensando en ir a cazar o pescar para poder poner algo de alimento sobre la mesa. Si tenemos que comer, vamos al supermercado más cercano, que pagamos caro pero que nos ha facilitado las cosas.

Por desgracia, y debido a las desigualdades socales generadas por la crisis económica, demasiada gente vive al día tratando de que su ajustadísimo presupuesto mensual le permita comer y, sobre todo, dar de comer a su familia.

Esto es un tema distinto y una tremenda injusticia social que no consigo entender cómo hemos llegado a permitir cuando seguimos considerándonos un “país europeo desarrollado”.

Como decíamos, no tememos encontrarnos un león en la esquina menos pensada pues, de existir u león suelto en la ciudad, se habrían disparado todas las alarmas.
Ansiedad 77Sin embargo, nuestro cuerpo sí está naturalmente configurado para ello. El sistema límbico, una de las estructuras cerebrales más antiguas de nuestro cerebro en términos evolutivos, gestiona las reacciones fisiológicas generadas por estímulos con contenido emocional.

Desde el más sutil de los placeres al más terrorífico de los miedos, las respuestas emocionales son procesadas de manera extremadamente rápida gracias a la conexión directa que el sistema límbico mantiene con el sistema endocrino (encargado de la secreción hormonal) y el sistema nervioso autónomo (que controla con gran velocidad las acciones involuntarias, es decir,  las contracciones de músculos y la actividad de las glándulas y los vasos sanguíneos).

¿Qué significa todo esto? Pues que muy probablemente nuestra reacción en un caso de extremo peligro sobrevenido sería muy similar a la reacción de un ser humano hace miles de años. Por muy distinto que pueda ser nuestro estilo de vida, los cambios evolutivos no han acompañado de manera tan rápida nuestra evolución.
Leon
Recuperemos el ejemplo de encontrarnos un león, en plena selva hace miles de años, o al girar la esquina de nuestra casa en la actualidad. ¿Cuál sería su reacción?

Tras una primera y muy intensa descarga de adrenalina su corazón se aceleraría hasta la taquicardia, su respiración se volvería rápida y superficicial y rompería a sudar.

Su presión arterial se dispararía y podría notar algún escalofrío al tiempo que notaría la boca seca y una extraña sensación en la boca del estómago. Aumentaría repentinamente la combustión de glucosa, permitiendo que sus músculos se tensaran, contrayéndose especialmente los de piernas y brazos, preparándole para una huida precipitada.

Para facilitar esta huida, sus esfínteres podrían también contraerse abruptamente, lo que significaría que, literalmente, se haría pis y caca en los pantalones; una vez más, para facilitar la huida de un cuerpo más ligero.

Hoy en día es rarísimo que describamos una situación como esta en la vida real, pero, sin embargo, las reacciones de ansiedad se anclan en los mismos mecanismos evolutivos.
Ansiedad clavos
Cuando hablamos de ansiedad, hablamos de sufrir de manera más o menos continuada una aprensión o una preocupación, cuya causa o razón directa podemos incluso desconocer.

Algo así como si una sensación de peligro planeara sobre nuestra cabeza de manera continuada, de modo que la fuente o el origen se acaba diluyendo o se reparte entre varios elemento Y cuando hablamos de sentirnos ansiosos es porque nos damos cuenta de las consecuencias físicas de la ansiedad: tensión muscular, problemas digestivos, calambres, fatiga, taquicardia, temblores, dolores de cabeza, tripa, espalda, etc.

¿No reconoce aquí alguna de nuestras reacciones frente al león, aunque en su versión más light, por supuesto?

No son reacciones tan abruptas como aquellas que describíamos frente a nuestro hipotético león pero sí se han desencadenado a raíz de la activación de los mismos sistemas; de manera menos intensa pero más continuada en el tiempo.
Ansiedad cerebro
Lo que en un principio nos configuraba para el éxito de una acción rápida y puntual en defensa de nuestra propia vida, ha pasado a formar parte de nuestra rutina, causando daños continuados y molestias físicas que a medio y largo plazo repercuten directamente sobre nuestro estado de salud.

Ana Villarrubia Mendiola


Ana Villarrubia Mendiola
Psicóloga
dirige el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte’
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