Murió Robert Spitzer quien forzó a no tener la homosexualidad como enfermedad mental

2 de enero de 2016

Robert Spitzer

 



Su muerte acaeció este pasado 25 de diciembre. De un plumazo, el psiquiatra Robert Spitzer (Nueva York, 1932; Seattle, 25 de diciembre de 2015) curó a millones de personas. Fue en 1973, cuando el psiquiatra hizo un estudio sobre las personas homosexuales para determinar si su orientación sexual les causaba algún tipo de enfermedad psiquiátrica. La conclusión —que hoy parece obvia en el mundo occidental, aunque no en el resto— fue que no había tal patología. Ese mismo año, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) aprobó eliminar la homosexualidad de su manual de enfermedades, el DSM, que entonces iba por la segunda edición.

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El DSM está considerado la guía de referencia de la psiquiatría mundial, y normalmente marca la pauta en el resbaladizo terreno de decidir qué comportamientos o actitudes son normales y cuáles representan una patología. La Organización Mundial de la Salud siguió su criterio en 1990, cuando la institución reunió los apoyos suficientes para oponerse a las corrientes integristas de diferentes religiones que tienen poder en muchos países (esos 80 que penalizan la homosexualidad, para empezar) que se oponían a despatologizar la homosexualidad.

Campaña en su contra

No fue la única vez que Spitzer, titulado en Psiquiatría por la Universidad de Cornell y en Medicina por la de Nueva York, se interesó por la orientación sexual de los individuos. En 2001 hizo un estudio sobre las terapias que supuestamente la cambian y que aún se utilizan para volver heterosexuales a los homosexuales.

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Contra la opinión de la mayoría de sus colegas, publicó un artículo en el que avalaba esas consultas. Según sus datos, el 44% de las lesbianas y el 66% de los gais que decían que se habían convertido en heterosexuales tenían un comportamiento que se ajustaba a ese patrón. Sus anteriores seguidores, empezando por las asociaciones del movimiento LGTB (Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales), organizaron una campaña en su contra.


Él argumentó desde la ciencia de sus números, con la fuerza moral que le daba su anterior trabajo, lo que descalificaba cualquier intento de llamarle homófobo. Mantuvo su criterio durante 11 años, hasta que él mismo se retractó del artículo argumentando que no era científico porque no había una manera objetiva de medir ese supuesto cambio de orientación. Estas terapias han sido rechazadas por la Asociación Americana de psiquiatría, y en febrero de 2015 el Tribunal Supremo de EE UU las prohibió.

Pero, por encima de estos episodios que le dieron notoriedad mundial, Spitzer está considerado uno de los psiquiatras más influyentes de la segunda mitad del siglo XX por su tarea para clasificar y homogeneizar las enfermedades mentales, sus definiciones y tratamientos. De hecho, participó activamente en el lanzamiento desde el primer DSM hasta el quinto, de 2013, y fue el director del tercero. Ya con anterioridad había demostrado ese interés por articular la disciplina con un primer trabajo, germen de los posteriores, en los que comparaba la definición y clasificación de las enfermedades mentales en Estados Unidos y Reino Unido. Para su tranquilidad, vio que a ambos lados del Atlántico se usaba un sistema similar, menos en la esquizofrenia, que en Estados Unidos englobaba un conjunto mayor de trastornos.

Ese interés por dotar de un corpus científico a la psiquiatría le llevó a enfrentarse a sus colegas cada vez que no estaba de acuerdo con algo. Su influencia fue decisiva a pesar de estar ya jubilado y con párkinson, por ejemplo, para dar fuerza a los críticos con el último de los DSM, el V, por la falta de transparencia en su elaboración y por no incluir algunos de los síndromes que él postulaba.

Hasta 1973 la homosexualidad fue considerada una «perturbación sociopática de la personalidad».

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Fue Robert Spitzer, considerado el padre de la clasificación moderna de enfermedades mentales, quien murió el viernes 25 de diciembre de 2015  a los 83 años, debido a un problema cardíaco.

Uno de los comportamientos hasta entonces encasillados como «trastorno mental» que Spitzer analizó fue la homosexualidad. Sin embargo, tras su investigación, el psiquiatra determinó que la homosexualidad no era una enfermedad, mientras los homosexuales se sientan cómodos con su sexualidad. Lo mismo con los heterosexuales.

En 1973 Spitzer logró un acuerdo mediante el cual el diagnóstico fue reemplazado por «perturbación orientación sexual,» para describir a las personas cuya orientación sexual, homosexual o heterosexual, les causaba angustia.

«Un trastorno médico debe estar asociado a angustia subjetiva, sufrimiento o discapacidad de la función social», le dijo Spitzer al Washington Post.

¿Realmente la homosexualidad es genética?

«Un hito»

Desde la Universidad de Columbia en Nueva York, el científico fue el pionero en desarrollar un acercamiento empírico a las enfermedades mentales, más allá de la teoría tradicional.

Antes del DSM, un diagnóstico variaba de un especialista a otro. La redacción de un manual basado en información empírica como el que desarrolló Spitzer es «el mayor hito de la profesión», le dijo Janet Williams, su mujer y colega a la agencia de noticias AP.

«Fue por lejos el psiquiatra más influyente de su era», aseguró el doctor Allen Frances, editor de la última edición del manual, citado por el New York Times.

Jack Drescher, un psicoanalista gay asegura que dejar de considerar la homosexualidad como una enfermedad ha sido el mayor avance en la defensa de los derechos de los homosexuales.

«El hecho de que hoy se permita el matrimonio gay se lo debemos en parte a Bob Spitzer», le dijo al New York Times.

Revés

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Spitzer estuvo nuevamente al centro de la polémica luego de publicar un estudio en 2001 que pretendía apoyar la terapia para «convertir» a los gays en heterosexuales.

La iniciativa causó rechazo de los activistas. Como ya señalamos diez años más tardes, Spitzer pidió disculpas y aseguró que esa investigación era lo único que lamentaba de su carrera.



Una Nota Informativa desde nuestra Mesa de Redacción
Fuentes: BBC Mundo y Emilio De Benito, periodista del diario El País (España)




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