¡Dame un mordisquito!

1 de julio de 2012

dameunmorportada

Una de las pruebas que le hacen a los perros para ver si son agresivos o no, es curucutearles o quitarles su alimento para ver si se dejan o si te gruñen y pelan los dientes para advertirte, con la mayor elocuencia posible, que si sigues te van a morder.

Menos mal que no soy perro porque saldría mal en el examen. Y como las clases intensivas de reeducación para dejarme quitar mi ración no creo que funcionaran, serían capaces de cometer la atrocidad de ponerme “a dormir”. Infames.

En las casas no suele haber problemas con la comida–siempre y cuando haya suficiente- porque obviamente, allí todo es de todos y todos comen lo que hay, pero cuando uno va con su familia o sus amigos a un restorán con un menú de este tamaño lleno de exquisitas viandas, nunca falta alguien que se engolosine con el plato que uno pidió e hipócritamente te ofrece del de él para que, por cortesía, tú le retribuyas permitiéndole probar del tuyo. Yo me tardo demasiado en examinar el menú y en decidirme por un platillo como para ceder fácilmente lo que escogí, sobre todo si la pegué y está divino. Hay que embraguetarse -sobre todo si te caen en cayapa y todos quieren un mordisquito de lo tuyo- y con la mayor cara ‘e tabla rechazar las “generosas”ofertas de los lambucios con un rotundo “No, gracias.” Si por timidez o apendejeamiento dejas que todo el mundo meta la mano en tu plato, vas a terminar comiendo de todo lo que no querías y solo una fracción infinitesimalde lo que te provocó.

Esa intercambiadera de comida entre los que salen a comer, puede que le guste a los que lo que hacen es picar la comida, pero para los que nos encanta meternos una papa, es de lo último. Si uno es un goloso irreductible y le provoca probar media docena de platos del menú, pues pida una degustación y deje el lambuceo. Si el plato que escogió es horrible, devuélvalo y pida otro, o cálesela y cómaselo pero no ande expropiándole lo suyo a los demás. Deje que la gente coma su comida feliz de la vida, total, así como un palo no hace montaña, un bocado no llena el estómago, ¡pero da una rabia que te lo quiten!

Además, si todos comen lo que ordenaron sin andar pidiéndole mordisquitos al otro, se evita lo peor: darte cuenta de que pifiaste porque lo de los demás está mejor que lo tuyo. Demasiada arrechera.

 

 

Mara Comerlati
periodista venezolana
zapata.mara@gmail.com 

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